No sé si ha llegado la noche o si mis ojos se niegan a ver mas allá de mis miedos, de este silencio que me sigue como a una sombra y me hace desear más un abrazo que se posa ausente en la piel que se escama y se pone dura como un marfil…
El latido de mi corazón es un eco que pretende escalar por entre las estrellas y como un aullido de un lobo busca otro ser que el albergue en su pecho… me alimento de la necesidad de mis brazos escasos de un cuerpo al cual anclarse y de mis manos que se han quedado desérticas, vacías a la espera de un roce inocente que las haga vibrar


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